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A lo “más remoto” de Senegal… llegó el turismo… y los turistas

por | Mar 4, 2011 | África de cabo a rabo, Senegal, Viajar por África | 7 Comentarios

El «incidente» del autobús (si es que podemos llamar incidente a tardar 22 horas en recorrer los 193 kilómetros hasta nuestro destino) no nos quitó la ilusión de llegar al País Bassari (una de las zonas más remotas del país y supuestamente una de las menos cambiadas por el turismo de masas) pero sí que nos dejó con la necesidad de recargar las pilas durante un par de días.

El lugar elegido fue el campamento de Badian que resultó ser una iniciativa solidaria de una ONG española. Es el ecoturismo en su máxima expresión: te cobran por lo mismo el doble que en el campamento de al lado que no es «eco». Pero seamos positivos: con el dinero que se recauda en exceso, según entendimos, llevan a cabo proyectos en los pueblos de la zona. Se hacen pozos, se nutre con medicamentos la casa de salud, se contrata un médico (que el Estado no pone), etc. Además, se da alojamiento a los empleados en casas construidas a tal efecto, suponemos que pagan salarios por encima de mercado y contratan en mejores condiciones… y bueno, pues eso. Todos eco-contentos.

El coñazo es que si eres un eco-turista-sostenible-solidario no debes/puedes hacer nada sin contratar un servicio, ni dejar de comprar una figurita a los varios artistas que allí venden su mercancía. Llega un momento en que casi te hacen sentir culpable por irte a ver tú solo los hipopótamos al río Gambia, a cuya ribera se levanta el campamento, sin un guía que te acompañe los 500 metros hasta el observatorio. O por lavarte tú la ropa, pudiendo dársela a una mujer para que sea ella la que lo haga. O por no querer pagar 3.000 francos (4,5 euros) por un café, pan, mantequilla y mermelada cuando en el pueblo te tomas el café y el pan por 150 (25 céntimos de euro). Eso sí, sin mantequilla (pero por 50 francos más te lo rellenan de carne guisada).

Durante nuestra estancia tuvimos la suerte (o desgracia) de coincidir con un grupo de eco-turistas españoles que iban a estar alojados allí durante 4 días. Fue un gusto conocer y charlar con algunos de ellos pero de repente nuestro oasis de tranquilidad, de puestas de sol junto al río, de pájaros y brisa meciendo las hojas de los árboles, de noches en las que solo se oyen los grillos, se transformó en un patio español: la radio con música del Canto del Loco o Seguridad Social, conversaciones sobre el partido del Madrid del fin de semana anterior, bromas de Chiquito (¡aún siguen vivas!) y ese acento que tanto se oye por el barrio de Salamanca pero tan poco por esta zona del mundo… todo a gritos, por supuesto. Fue… como un salto en el espacio y tiempo, muy impactante e inesperado.

No seamos tan negativos. La suerte fue poder conocer un poco mejor los problemas bucodentales de la población: resulta que venían de turistas-cooperantes y realizaron una revisión a todos los niños y adultos que quisieron del pueblo. Sacaron muelas. Regalaron coches a los niños buenos, como hacía mi dentista en Madrid… Nos confirmaron que el cepillo de dientes tradicional (un palo cuyo extremo desfibran y con el que frotan sus dientes) funciona (no tanto por el cepillo sino por los ácidos y ph y esas cosas que debido a la salivación se generan y que combaten la caries) y que los negros tienen una mandíbula más amplia y unos dientes más profundos, por lo que desguazar la caña de azúcar o abrir botellas con los dientes no les produce tanto daño como a nosotros, los blancos. Bueno es saberlo. Pero tuvimos más suerte aún: en su honor organizaron una fiesta nocturna, junto a una gran fogata, en la que las mujeres (y sólo ellas, manda la tradición) bailaban al son de la percusión. Los hombres desde la barrera estaban más preocupados por intentar que los dentistas les invitaran a unos chupitos de ron o ginebra que de estar a la fiesta. Nada nuevo.

Llegar a Bandafassi, nuestro siguiente destino, nos llevó casi otro día entero. Nos íbamos de la zona mandinga para entrar en la bedik. Nueva etnia, nueva lengua. Lo que habíamos aprendido en dos días, ya no nos serviría… Casi tres horas de espera a que el taxi se llenara con clientes. Una hora de recorrido hasta una ciudad intermedia. Otra hora de espera para ver si encontrábamos un camión o coche que nos llevara al pueblo (el autobús diario salía por la mañana, lo habíamos perdido) y otra para encontrar, negociar y partir con un taxi al dichoso pueblo, tras no encontrar nadie que fuera en la misma dirección.

Llegamos al anochecer al campamento, situado en un pueblo de apenas 20 o 30 casas. Una sola tiendecita para abastecer. En esas condiciones casi fue una suerte que nos prepararan la especialidad local de emergencia: espaguetis con sardinas en aceite. Cómo estaríamos que nos supieron hasta ricos. Y dormimos como troncos en nuestra chocita particular. En toda la región los campamentos (lo que nosotros llamaríamos hostales) reproducen las casas de la región: construcciones redondas, de 4 o 5 metros de diámetro, construidas en adobe, con techo de paja. Algunas como la nuestra con un baño anexo y una cama en un lateral, con mosquitera y todo.

Conscientes de la necesidad de dejar un poco más de dinero en la región, esta vez sí, contratamos un guía que nos llevó de caminata a dos pueblos bedik, una etnia que llegó a esta zona desde Malí en el siglo xiii escapando de nosequé rey que les quería islamizar. Ellos, animistas, decidieron esconderse en las montañas, en pueblos que desde el valle no se veían y, a la vez, fácilmente defendibles en caso de ataque. Y allí se han quedado hasta hoy. Cuando llegaron los misioneros no salieron huyendo y hoy son una mezcla de cristianos y animistas. Vaya, que van a misa el domingo y de vez en cuando sacrifican una gallina por algún espíritu o asunto pendiente…

La verdad es que los pueblos como tal no eran impresionantes, pero su localización sí. En lo alto de los riscos era sorprendente conocer lo duro de su existencia allí durante siglos. Los pozos que tienen apenas duran unos meses con agua. Los campos de cultivo apenas son productivos pues crecen sobre roca. Se trabaja para sobrevivir, poco más. Modernidades como colegios u hospitales quedan a varios, en ocasiones, decenas de kilómetros… Pero de repente, entró un día el turismo en la ecuación, como oportunidad, como posibilidad de un futuro mejor. El turismo como herramienta para generar nuevos ingresos, para mejorar la calidad de vida, algo en lo que siempre he creído, que siempre he apoyado y que hemos disfrutado a lo largo de este viaje, aquí me pareció asfixiante.

En ambos pueblos nos sentimos como huchas andantes. Para pasar por el pueblo hay que pagar un euro y medio por persona. En el primero nos sentimos robados: ni nos enseñaron la adea ni nos contaron nada del pueblo, de sus habitantes o de su historia. Igual porque nadie les ha explicado que tal vez sería bueno dar algo a cambio, aunque sea algo que para ellos no tiene valor: darnos a conocer su cultura, cómo viven, en qué creen… Por suerte en el segundo, mucho mejor organizado -y turistizado, porque tiene carretera hasta el pie de la montaña-, nos dieron una vuelta enseñándonos todo el pueblo y nos contaron (porque preguntamos) qué hacen con el dinero: reparar los techos y las casas de la población en caso de desastre natural, comprar medicinas para la casa de salud, reparar el pozo o el molino de harina en caso de necesidad… de eso se trata. Mejorar las difíciles condiciones de vida con nuestra pequeña ayuda, con nuestra visita. Pero también dando algo a cambio: el conocimiento de esa realidad.

De todas maneras, en ambos pueblos la gente dejaba lo que estuviera haciendo para venir a vendernos pulseras, pendientes, figuras de arcilla, cestas de paja, cualquier cosa… Por supuesto, cualquier insinuación de sacar una foto a alguna de las mujeres con su tocado tradicional era respondida con un «cadeau» (regalo) . Y claro, los niños, con Chupa-chups en la boca (los que les dieron los del grupo anterior a nosotros) a pedir más… ¿quién les cura luego las caries? ¿los voluntariosos y generosos españolitos? Al igual que en otros pueblos de Camerún, Madagascar o Benín nos habíamos sentido visitantes a los que recibir, a los que enseñar, en estos de Senegal nos sentimos visitantes a los que sablear. Lo importante era conseguir todo lo que pudieran de nosotros. Dimos gracias de que el recorrido solo visitáramos dos poblados. En esas condiciones, se le quitan a uno las ganas de intentar conocer cómo se vive en esos lugares ni conocer a sus gentes.

Dijimos adios al país Bassari anticipadamente. Ni visitamos los poblados peul, los bassari, ni las cascadas ni… Pensamos que iba a ser lo mismo en cada uno de ellos… A estas alturas del viaje, por desgracia, ya no tenemos energías ni humor para este tipo de shows.

Pablo Strubell

Editor de La editorial viajera, escritor y guía de viajes. Cuenta con dos grandes viajes a sus espaldas: Ruta de la Seda (8 meses, en 2005) y África de cabo a rabo (12 meses, en 2010-11). En sus pocos ratos libres escribe para este blog así como para Leer y viajar. Por si fuera poco, organiza las Jornadas de los grandes viajes. Y entre una cosa y otra, intenta viajar.

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7 Comentarios

  1. ANGEL Y MARIA

    Como siempre, muy bien contado.
    Respecto a los «turistas»y a los poblados acomodados pienso lo mismo aunque mi mujer diría ,como siempre, que soy un poco «gruñon».
    Buena suerte y buen viaje

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  2. François

    Estaba en Casamance hace una semana! 😉
    Estuve 2 semanas en familia en pueblos perdidos. Ha sido una experiencia increíble. Pero hay que decir que estábamos en condiciones inmejorables, viviendo con gente de allá que nos llevaron a sitios muy poco turísticos. Mi experiencia con los senegaleses de Niomoune, Kouba, Hilol, Boune ha sido uno de los mejores regalos de mi vida.
    Así que tenemos aquí la prueba que hay Senegal y Senegal. Espero que encontréis un poco del Senegal que yo conocí y que no se parece en nada a lo que describis.
    Ziguinchor ya no me gustó tanto y os recomiendo firmemente NO IR a Dakar! Es horrorosa!
    Besos.

    Responder
  3. François

    Estoy pensando que podríais cambiar de planes si estáis a tiempo y en vez de ir a Dakar (noooooooo, Dakar nooooo), pasad unos días dónde estaba yo: Campamento Alouga en Niomoune. Lo lleva nuestro amigo Hyacinthe (un encanto) y su mujer francesa Valérie (otro encanto).
    http://www.alouga.com +221 77 576 09 77
    Si llamáis «de la part de François Thomas, fils du Docteur Robert Thomas», os recibirán con los brazos abiertos.

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  4. Chicaprima

    Vaya chicos….parecéis un poco cansados, no? La verdad es que es mucho tiempo de viaje….espero que aún podáis disfrutar de todo lo que os queda por ver!!!
    Pero reconozco que tiene que ser un poco frustrante sentirte como una hucha con pies!
    Un abrazo bien grnade y no os preocupéis que intentaremos manteneros informados sobre Mauritania y Marruecos….
    Besos!

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  5. Pep

    Me encanta tu estilo. Se te nota la ascendencia británica. Donde hay molinos de viento tú ves molinos y no gigantes.
    Es un placer acompañarte por África a través de tus relatos.
    Un abrazo desde el São Paulo postcarnaval,
    Pep

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  6. Javier Tejera

    Hola!
    Muchísimas gracias por tu mención en el artículo de la Casamance.
    A finales de 2010 estuvimos en Senegal, colaboramos allí con el Instituto Jane Goodall en un proyecto de ecoturismo. Organizamos un taller de turismo sostenible con todos los agentes turísticos que trabajan en la zona y esta problemática que se está produciendo en los pueblos bedik fue uno de los dilemas estrella del debate que se generó. Este verano volveremos a la zona y opiniones como la tuya nos servirán de mucho desde luego. En cualquier caso, es una pena que no hayáis seguido la ruta. En los pueblos bassari el trato y el respeto por el visitante es indudable… y la belleza natural de Dindefelo y los pueblos limítrofes merece la pena por completo. Aunque algunos niños peul te piden a veces un cadeau, no tiene comparación con el «acoso» en los pueblos bedik.
    Espero que sigáis disfrutando del viaje como hasta ahora y de la magia de África.
    Un fuerte abrazo

    Responder
  7. comunidad valenciana

    estupendo interesante relato

    estuvimos hace algún tiempo mi marido y yo en Senegal y conocimos también parte de Casamanze, viajamos con una ong, viaje de turismo y de solidaridad nos dijeron, bueno,interesante, pero demasiado buitreo económico (caramba con el Demba y su cuadrilla) y sexual, no nos imaginabamos que parte de la expedición (mujeres) a lo que iban era a que se las follaran los guías-yigolós que son por lo visto lo que hay alrededor de las ong y del turismo, luego resultó algo agobiante, en cuanto no estás junto con un hombre ya entienden que eres una compradora de sexo, siempre intentan sacarte hasta el último céntimo, excesivo, mucho teatro y mucha mentira para engañar a los blancos y para que las blancas se abran de piernas y de cartera, no aceptan que una mujer esté sola y no quiera sexo con ellos, un poco asquerosa esta parte

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