Valle de Iya
20 de noviembre
Día 35: Valle de Iya.
Hoy hemos alquilado un coche para ir a conocer una de las zonas más remotas de la isla de Shikoku: el valle de Iya.
Montañas de más de 2.000 metros, enormes extensiones de bosques, carreteras estrechísimas, pueblitos sin apenas vida… y el peculiar Nagoro.

Allí nos hemos encontrado con decenas de muñecos de tamaño real repartidos por los campos, al borde de los caminos, en la escuela cerrada, en una parada de autobús… Según nos han dicho hay más de 300.
Han sido y son creados por Ayano Tsukimi, la “madre de los espantapájaros”, que volvió a Nagoro desde Osaka en 2002 para cuidar de su padre.

El primer muñeco fue hecho a imagen de su padre para alejar a los pájaros de sus cultivos, y luego ella fue haciendo más y más espantapájaros, porque la gente local interactuaba con ellos como si fueran personas reales.
Cada muñeco tiene su propia “biografía”: existe un “registro básico del pueblo de espantapájaros” donde se anotan nombre, personalidad, edad u otros detalles de esos muñecos.
Más allá de lo curioso, Nagoro es lo que se conoce como una “aldea límite” o aldea con muy pocos habitantes. Es uno de los numerosos pueblos del Japón vaciado.

Los espantapájaros han “llenado” el vacío demográfico del pueblo, y se han convertido en una especie de memoria viva de los antiguos pobladores.
Se ha convertido también en un símbolo para la reflexión acerca del envejecimiento y la despoblación rural en Japón, algo que nos suena, ¿verdad?
La peregrinación de los 88 templos
21 de noviembre
Día 36: Templo Unpen-ji.
En la isla de Shikoku, Japón, existe un templo muy peculiar: Unpen-ji, el número 66 de la famosa ruta de peregrinación de los 88 templos.
Allí, los peregrinos no solo rezan a las deidades del budismo Shingon… también se sientan sobre una gran berenjena de bronce para pedir deseos.



La explicación está en el idioma: en japonés, “nasu” significa berenjena, pero también quiere decir “hacer que algo ocurra” o “cumplir un deseo”. Por eso esta verdura se ha convertido en un símbolo de buena fortuna dentro del templo.
En Unpen-ji (por cierto, el templo más alto de la ruta de los 88 templos, a 927 metros) hay un banco con forma de berenjena, piedras talladas que representan el mismo símbolo y amuletos y tablillas de deseos inspirados en ella.
Todo forma parte de un ritual sencillo: sentarte, concentrarte y pedir aquello que quieres que se haga realidad.
Y comprar el amuleto, en forma de berenjena, claro. Que todo templo tiene su tienda y hay que pasar por caja.
Takamatsu
22 de noviembre
Día 37: Takamatsu. Jardín de Ritsurin.
Los jardines de Japón juegan en otra liga. En una muy superior.
Son jardines diseñados para la evasión y contemplación de la belleza.

Lugares donde nada es casual: esa piedra, un arbusto, aquel árbol.
Todo ha sido pensado para crear un conjunto armónico, que evolucione con las estaciones, que muestre la belleza del paso del tiempo.

Cada casa, cada templo, cada rinconcito tiene uno, por pequeño que sea.
Una muestra del amor de los japoneses por la naturaleza y su belleza.

El de hoy, el jardin Ritsurin, ha sido mi favorito hasta la fecha y eso que el otoño a esta parte del país, por ser más cálida, aún no le ha traído sus colores rojos, amarillos y naranjas.
Todo es cuestión de esperar y esta gente, de eso, también saben un montón.
Matsuyama
23 de noviembre
Día 37: Matsuyama.
Actualmente, las únicas formas legales de apuestas en Japón incluyen el pachinko, las tragaperras, las loterías estatales y las apuestas en carreras de caballos, bicicletas, motocicletas y lanchas rápidas.


Pero el sector legal del juego en Japón está a punto de experimentar su mayor transformación histórica: en 2030 abrirá en una isla junto a Osaka un megacasino.
Poderoso es don dinero, aquí y en todos lados…
25 de noviembre
Día 38: Matsuyama.
(Texto redactado en estilo japonés, imitando las reseñas de restaurantes y hoteles hechas por japoneses – un género literario en sí mismo, como afirma @itziarmarcotegui -)
Era una bonita tarde otoñal y paseando por el parque me quedé sorprendido por la belleza ochentera de un edificio descomunal.
Al entrar a curiosear por su acristalada puerta, me di cuenta de que entraba en un museo, en concreto en el provincial de Ehime.
En su luminoso y apacible hall principal mis ojos se detuvieron en una tienda, con libros, postales y objetos tremendamente ingeniosos.



Eran reproducciones del artista japonés Tatsuya Tanaka, a quien yo no conocía, que resultó ser un especialista en lo que se conoce como «mitate»: el uso de un objeto como metáfora o recuerdo de otra cosa.
Con gran fortuna fui informado por una amable señora de la taquilla de que el museo acogía una exposición de ese artista en el segundo piso.
¡No lo dudé! Subí ilusionado por su amplia escalera y tras pagar 1.300 yenes (10 euros) accedí a una de las mejores exposiciones a las que haya asistido en mi vida.
El ingenio, la creatividad, el humor… eran los elementos más llamativos de las obras del artista, que han causado en mí una honda impresión.
A pesar del incómodo ruido causado por la cantidad de menores (pues era un día festivo) disfruté y aprendí a partes iguales sobre el proceso creativo a lo largo de las siete salas, bien organizadas e iluminadas.
Al buscar información del artista me asombré al ver que tiene cuatro millones de seguidores en Instagram (@tanaka_tatsuya), pero yo ni lo conocía. De hecho publica una obra a diario, siempre refrescante y llamativa, que en adelante disfrutaré recordando este día de descubrimiento y revelación.
¡Qué paradojas!: fue la casualidad la que quiso hoy que conociera a uno de los que ya es de mis artistas favoritos.
¿Y tú, lo conocías? ¿Qué te parecen sus obras? Te leo.
De vuelta a Honshu: Hiroshima
26 de noviembre
Días 39-42: Hiroshima
Llegamos a Hiroshima, final de nuestro viaje.

Una ciudad nueva construida sobre las cenizas de la destrucción.
Las fotos vistas y las historias leídas sobre lo que aquí sucedió en 1945 sobrecogen y nos recuerdan que no hemos aprendido.
EEUU asesinó a, al menos, 140.000 inocentes civiles.

Algo parecido hemos visto (y seguimos viendo) en Gaza: las imágenes de casi completa destrucción son tristemente similares.
Por si fuera poco Ucrania, Sudán del sur, RD Congo, Yemen, Myanmar… tienen conflictos armados en curso…

La humanidad no aprende.
Supongo que porque la guerra y la destrucción son un negocio demasiado poderoso como para relacionarnos de otra manera que no sea por la fuerza y destrucción.


























0 comentarios