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Mi viaje en bicicleta por Islandia – Segunda semana en ruta

por | Jun 21, 2023 | Islandia, Nuestros viajes | 0 Comentarios

Ruta por: Hvolsvelli, termas de Selvajallalaug, Seljalandsfoss, Sólheimajökull, Vik i Myrdal, cascada Foss a Sidu y glaciar de Skaftafellsjokull (en Skaftafell)

21 de junio

Spoiler: no, no siempre viene un ángel de la guarda a ayudarte cuando estás jodido.

O eso, o ayer estaba tan ocupado ayudando a otros que me dejó bien solito.

El caso es que desde por la mañana sabía que venía tormenta a eso de las 3, durante toda la tarde además. Por eso había reservado una cama (50€) en una habitación compartida de un hostal. Quería tener un lugar donde secar todo en caso de que me pillara.

Así que salí pronto. Tenía por delante 40 km. Pero desde el principio tuve viento en contra (avanzaba a 10-14 km/h). Al llegar a Hvolsvelli paré más de la cuenta en el supermercado: tenía que comprar comida para 2 días sin suministro.

Al arrancar el viento subía de fuerza así que tomé una carretera que daba algo más de vuelta (¿fue eso un error?) pero iba en diagonal y, además, con menos tráfico que la N1 y más bonita, pasando por campos y cascadas.

Aún así avanzaba esforzándome bastante. Me puse música electrónica para animarme. Comí un picnic delicioso de salmón ahumado islandés con pan denso, y encaré los últimos 15 kilómetros.

Pero ahí empezó el problema: la carretera se convirtió en pista de mala calidad y el viento roló y venía de cara. Avanzaba penosamente y cuando llevaba la mitad, la tormenta estalló.

En mitad de la puta nada.

Me puse toda la ropa de agua, pero la fuerte lluvia unida al viento de 30-40 km/h de frente hacía que pareciera que granizara contra mí.

Me bajé de la bici. No podía pedalear. Empecé a empujar, hasta la N1 de nuevo, que pensé sería mi salvación : algún camión o camioneta o coche con remolque pararía… Pero no.

Quedaban 8 kilómetros. Llevaba 15 minutos intentando parar algún vehículo, sin éxito. Me quedaba frío.

¿Qué hacer? ¿Intentar acampar allí mismo, sin estar a resguardo de algo? ¿Tirar adelante 8 km por la nacional, caminando contra el viento y la lluvia, empujando la bici con la certeza de una ducha y cama caliente?

Tiré adelante.

Nunca se me olvidarán esos 8 kilómetros. Los más exigentes de mi vida. Lo más duro a nivel físico que he hecho nunca.

Durante 2 horas empujé mi bici y sus 50 kg contra viento, con la lluvia martilleando en mi cara, sudado por dentro de la ropa de lluvia, con los pies empapados… 

Os juro que casi lloro de la emoción al llegar al hostal. El nombre lo decía todo: Paradise Cave Hostel.

Estaba en casa, lo había logrado. Una mezcla de orgullo y felicidad me invadieron. 

Mi ángel de la guarda no había podido sacarme de ahí, pero pude yo sólito llegar a mi paraíso particular. 

Y tú, ¿qué crees que hubieras hecho?

22 de junio

Islandia me da una del derecho y una del revés.

Y tras el bofetón de ayer pensé que me merecía dos días buenos a cambio de las penurias. 2 por 1.

El primero, uno de esos sin lluvia (aunque feo y nublado) y viento de cola. No puedo pedir más.

Así que por fin pude disfrutar de momentos mágicos, de esos que tanto recordáis los que hayáis venido a Islandia:

Un baño (en pelotas) en mitad de un valle de origen glaciar (las termas de Seljavallalaug, que no son populares porque están a 25-29 grados, o sea, «frías»). No tengo fotos, pero sí de una portuguesa y dos armenios que se fueron a la charca caliente junto al río.

También disfruté de las cascadas de Seljalandsfoss (que el día de ayer ni atisbé con la lluvia, a pesar de estar junto a la carretera) y de la increíble Skogafoss (y de todas las que hay montaña arriba, innumerables).

Y, también, tuve momentos más íntimos de placer derivados del hecho de viajar en bicicleta y poder acampar casi donde quiero, en lugares mágicos, como a los pies del glaciar Sólheimajökull, porque al día siguiente iba a recorrerlo (un tramito, claro) a pie, algo que me hacía muchísima ilusión al ser la primera vez que lo haría.

«Solo» hice esas cuatro cosas en todo el día pero créedme que significaron mucho para mí.

Gracias Islandia por días así.

Yo creo que merezco unos más de estos, ¿no? Que soy un tío agradecido, venga, va…

23 de junio

Siempre había visto los glaciares como lugares remotos, inaccesibles.

Y nunca pensé que fuera a caminar por uno. Pero Islandia te lo pone fácil (llegas hasta la misma lengua del glaciar en coche) y gracias a IslandTours.Es realicé una de las experiencias más guapas de mi vida.

De esas que te dejan con ganas de repetir, de probar nuevos glaciares, de adentrarte más en ese mundo onírico de hielo, antes de que se fundan del todo…

Había acampado al pie del glaciar y a mediodía arrancamos, guiados por Javier (de Valencia), descubriendo rincones y colores mágicos. Negro contra blanco. Azul y gris. Rodeados de montañas verdes, saturadas de color.

Una hora de caminata que fue la estrella del día. O del viaje.

El resto del día, aún con viento en contra, se me hizo llevadero por el buen sabor de boca.

Llegué hasta Vik, parando antes en la reserva de Dyrholaey, donde anida, entre otros, el frailecillo. Un pájaro precioso y esquivo, que conseguí ver en la distancia.

Al llegar a Vik cerraba la primera etapa del viaje, que me había llevado rumbo al este por el sur. 8 días de pedaleo ininterrumpido, bien intensos.

Mi cuerpo me pedía descanso y el camping de este pueblo, muy bien regentado por una española majísima, iba a ser el lugar ideal, protegido bajo acantilados y riscos abruptos.

Creo que me merecía un descansito, ¿no?

24 de junio

Y el octavo día, descansé.

En Vik.

Paseé por su playa, vi una foca, caminé por su pueblo, comí en un restaurante (trucha y pastel de skyr, 50€) y disfruté viendo cómo pasaban las horas sin hacer más que disfrutar de ese bonito y tranquilo pueblo.

¡Mañana seguimos!

¿Hay ganas?

25 de junio

Viento 1.Pablo 0.

Vencido por K.O.

Parecía tan bonito cuando salí del camping de Vik. Cielo azul, viento suave, yo descansado…

Pero la alegría duró 7 kilómetros. Los mismos que la montaña que me protegía del fortísimo viento norte.

Sin embargo, al girar la carretera en esa dirección y enfilar los 60 kilómetros restantes de llanura sin protección, me encontré con el viento de cara de 10 m/s…

Algo contra lo que no estaba dispuesto a luchar durante tantos kilómetros.

Cuando paré a pensar qué hacía, y el viento derribó la bici, entendí el mensaje.

Así que me di la vuelta. No he venido a sufrir deliberadamente.

Ya en el pueblo, busqué un bus que me llevara al siguiente pueblo, pero justo el 51 no opera el sábado. Busqué una pick up dónde hacer dedo, pero tras una hora sin éxito decidí regresar al camping y disfrutar del día soleado.

Aproveché para reparar la tienda y el pantalón de agua, para caminar por el pueblo, para charlar con otros ciclistas y, sorpresón, para cenar con Andrea Bergareche @lapiznomada que estaba guiando un grupo por Islandia…

Al final fue un día genial, aunque al principio me jodió no seguir adelante.

Pero si algo aprendí en estos días es que contra los elementos no se puede luchar.

Al menos yo, en mi bicicleta, no. Cada vez soy más consciente de dónde están mis límites.

26 de junio

¿He hecho trampas?

Creo que no. Creo que hacer trampas sería engañarme a mí mismo, no escuchar mi cuerpo, a mis ganas de viajar y a lo que me dice mi intuición.

Por eso, cuando Gundi me dijo que iba a salir con su furgo hacia Skaftafell, mi destino del día, no lo dudé: acepté su oferta de meter la bici en su vehículo y saltarme los 70 kilómetros de páramo volcánico que ayer desistí por el viento.

Por si fuera poco me permitió conocer a Gundi, uno de los guías más veteranos, de aquella mítica agencia que fue Años luz. Ha trabajado en medio mundo, pero durante mucho tiempo estuvo haciendo la ruta de la seda, en su parte china y pakistaní. Os podéis imaginar lo que me gustó conocerle. Hoy trabaja en Islandia con Island Tours y es un enamorado de la isla que recorre en su Gundimovil @gundilandia.

Creo que acerté : que me hubiera aburrido pedaleando por aquel lugar. Empecé a pedalear en Kirkjubæjarklaustur, el último pueblo (y supermercado) en los próximos 200 kilómetros, tras hacer la compra para 4 días y comer al resguardo de la lluvia.

Lo cierto es que el pedaleo desde allí fue precioso. Fueron 71 kilómetros que, a pesar del día gris mortecino, pedaleé bordeando acantilados durante kilómetros. Una maravilla, ya que además casi no soplaba viento.

Paré en cascadas preciosas, como la de Foss a Sidu, pero aluciné mientras recorría el páramo de la lengua glaciar Sulujokul, que se extiende durante decenas de kilómetros en la lejanía.

Allí entró el viento y la llovizna, y tras refugiarme en lo único que había en la carretera (los tubos de desagüe de los riachuelos glaciares) y coger fuerzas, afronté con ilusión los últimos 15 kilómetros, viendo a lo lejos las preciosas lenguas glaciares de Svinafellsjokull y, mi destino, Skaftafellsjokull.

27 de junio

Algo no va bien. 

Y no me refiero al viento, ni a la lluvia, ni al peso que llevo en la bici… pero creo que están relacionados. 

Ayer al llegar sentía dolor en la rodilla, y esta mañana cojeaba al andar: me temo que el esfuerzo que llevo desarrollando estos días ha pasado factura en forma de tendinitis o molestia similar. Una sobrecarga, vaya. Es que ya tengo una edad, jajaja…

Así que decidí tomarme el día tranquilo, que por otro lado, era lo que iba a hacer en cualquier caso: Skaftafell es simplemente espectacular y merece pasar un día entero. 

Estoy en un cámping desde el que ver dos lenguas glaciares increíbles, una zona donde hacer pateos sensacionales (que me tuve que saltar) y, en suma, una zona genial para parar. 

El problema es que la cafetería es malucona, no hay servicios en la zona (entramos en una zona poco abastecida), y si la parada es larga (a ver cómo evoluciona la rodilla) los suministros que llevo pueden flojear, pues el siguiente supermercado está a 200 kilómetros. Tal vez coja el autobús con la bici si veo que voy corto de provisiones o energías. 

Pero bueno, hoy es hoy. Hoy descanso, doy tregua a mi rodilla, y ya veremos cómo evoluciona todo esto. 

Quiero ser positivo pero las cosas de articulaciones, no pasan de la noche a la mañana… 

Paciencia. Calma. Y a intentar disfrutar de estos momentos en los que no tengo que pensar en trabajar o en otras preocupaciones cotidianas. 

Simplemente estar. Qué lujo. 

28 de junio

Qué difícil es enfrentar los contratiempos. Y más estando sólo.

Porque has depositado tantas ilusiones en el viaje, que cuando algo se tuerce, algo que puede afectar a su desarrollo por completo (el dolor en mi rodilla), tu cabeza se pone a trabajar a mil por hora. 

¿Cuánto tardaré en mejorar? Si no lo hago pronto ¿aviso al seguro? Y ¿cuántas cosas ya no podré hacer? ¿Cómo afecta a mi ruta? Pero, a lo peor, ¿y si no me pongo bien? ¿Y si tengo que cancelar el viaje en bicicleta? ¿Me vuelvo? ¿O intento seguir de otra manera? 

Dándole vueltas a estas preguntas y sus diferentes opciones me pasé todo el día. Porque al despertar no había mejorado la rodilla. Y si tu rodilla no va, no puedes pedalear, y eso significa que no puedes continuar el viaje… 

Fue un día de consultas a amigos ciclistas. De búsqueda de planes alternativos. De pensar cómo hacer en caso de no poder seguir, porque las cosas de la rodilla tardan en curar… 

Pensando empiezo barajar opciones. Podría seguir:

Alquilando un coche, aunque está carísimo y eso sin contabilizar la gasolina

En autobús, aunque aquí sirven de poco por su escasa frecuencia. 

En autostop, aunque necesito una mochila o algo donde llevar el equipo. 

¿Y qué hago con la bici?

Y, sobre todo, ¿qué hacer con mi cabeza, con la ilusión que tenía de hacer esto en bici, si ahora no puedo? 

Intento distraerme leyendo; cocinando algo rico; poniendo al día el diario; observando a los turistas que pasan por el centro de información ; mirando el paisaje… pero la cabeza sigue dando vueltas. 

Por suerte una pareja de cicloturistas italianos (Bartolomeo y Simone) tienen antiinflamatorios locales y deposito en ellos, y en este aburrido día de reposo, mis esperanzas para estar mejor mañana y poder continuar… o tomar una decisión sobre qué hacer. 

Suerte que no es la primera vez que pasa, pero aún así ando tristón y preocupado. 

Y tú ¿te has sentido así en tus viajes? 

¿Has sufrido contratiempos que te hagan plantearte si podrás seguir? ¿Cómo los has gestionado?

Pablo Strubell

Editor de La editorial viajera, escritor y guía de viajes. Cuenta con dos grandes viajes a sus espaldas: Ruta de la Seda (8 meses, en 2005) y África de cabo a rabo (12 meses, en 2010-11). En sus pocos ratos libres escribe para este blog así como para Leer y viajar. Por si fuera poco, organiza las Jornadas de los grandes viajes. Y entre una cosa y otra, intenta viajar.

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