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Georgia en autoestop

por | Sep 15, 2014 | Georgia, Hacia el Cáucaso, Nuestros viajes | 0 Comentarios

Envalentonados con la experiencia de viajar por Turquía en autoestop, decidimos visitar Georgia también a dedo. Durante el mes que hemos estado en la exrepública soviética hemos usado el autoestop como medio de transporte principal.

Viajar en autoestop por Georgia ha sido una experiencia muy interesante. Nos ha permitido tomarle el pulso al país, conocer un poco más de la cultura y, sobre todo, nos ha dado la oportunidad de conocer personas muy diferentes. Con algunas de ellas el autoestop ha sido el inicio de una bonita amistad.

Mis autoestoperos georgianos favoritos

Mamuka y su hijo Luka nos sorprenden al hablarnos en español. Mamuka vivió en Barcelona hace unos años y Luka sigue viviendo allí, ahora ha ido a pasar unos días de vacaciones con su padre.
– ¿Dónde vais?
– A Pshaveli.
– ¡Nosotros también! ¿Dónde os vais a alojar?
– Ni idea, en alguna guest house.
– De eso nada, venís a mi casa
Y allá que nos fuimos.
En la casa estaba toda la familia: madre, padre, hermana, sobrinas y hasta una vecina, además de dos perros, cuatro patos y una docena de pollos.
Enseguida nos integramos y participamos de las actividades de la casa: ayudamos a preparar la comida, echamos una partida de ajedrez con Luka, jugamos con la sobrina pequeña… Esa noche nos agasajaron con una deliciosa comida casera, un vino peleón también hecho en casa y, como es costumbre en Georgia, con una larga sesión de brindis liderada por el padre de Mamuka que nos dejó por los suelos. Nos quedamos a dormir y la mañana siguiente, después de cebarnos con el desayuno, nos hicieron prometer que volveríamos al regresar de las montañas. Y así fue: al volver de las montañas pasamos por su casa. Nos recibieron como si
fuéramos de la familia y disfrutamos de una rica cena, esta vez regada con vodka porque de ese vino ya no queríamos saber nada. No solo tuvimos la oportunidad de ver cómo es la vida cotidiana de una familia georgiana, sino que ahora tenemos un hogar en Phsaveli.

autoestop en Georgia

Parte de nuestra familia georgiana

Natia y Giorgi viven en Tiflis y fueron el sábado a Mestia, de donde regresaron el domingo. Es un buen plan de fin de semana, se llega en un momentito, solo son siete horas de trayecto…
Apenas nos preparamos para hacer dedo, cuando su coche pega un frenazo para recogernos. Natia habla muy bien inglés y pasamos todo el viaje conversando. En el camino pasamos por Zugdidi y nos dicen que nos pueden dejar ahí o que les podemos acompañar a ver un museo. Habíamos estado en esta ciudad una semana antes y nos habíamos quedado con ganas de ver ese museo porque estaba cerrado, así que aceptamos el ofrecimiento. Tras la visita, nos ofrecieron que los acompañásemos a Anaklia, un pueblo de la costa al que también nos habíamos quedado con ganas de ir. Nos sentíamos muy afortunados porque, además, la pareja era encantadora. Cuando nos despedimos en Kutaisi, nuestro destino, quedamos en llamarlos cuando fuéramos a Tiflis. Al cabo de unos días fuimos y nos invitaron a cenar con sus amigos. Esa noche tuvimos una interesante sesión de antropología georgiana llena de comida y brindis.

autoestop Georgia

Natia, Giorgi e Itziar (y un espontáneo)

Ara y su hermano son armenios y trabajan en Rusia. Regresan a Yerevan (Armenia) para pasar unos días de vacaciones. El hermano conduce el Mercedes nuevecito y no abre el pico.  Ara, en cambio, intenta conversar con su limitado inglés. De vez en cuando se acuerda de algo que conoce de España y, de repente, lo suelta. «¡Quijote!», dice entusiasmado. «¡Picaso!». Al rato «¿Colón era español?». Nos da su teléfono y su dirección mientras dice que si vamos a Armenia estamos invitados a quedarnos en su casa. «No hotel, free!». Dice que su esposa es profesora de inglés, así podremos hablar cuando estemos allí. Durante el camino nos hace fotos con su iPad, suponemos que para enseñárselas a su mujer o para acordarse de nuestra cara cuando llamemos a su puerta cualquier día de estos…

Vasiko no hablaba ni una palabra de inglés, pero se ofrece a llevarnos hasta su pueblo, que es el último antes del monasterio de David Gareja, que es nuestro destino. Al llegar a su pueblo nos pregunta por señas cómo vamos a ir al monasterio. Con algún turista, decimos. No lo ve claro y dice que nos puede llevar si le damos algo para la gasolina de esos 14 kilómetros. Como es un poco tarde y no hay mucho movimiento, le decimos que sí. Pero antes hay que pasar por su casa para dejar los pañales que trae para su hijo pequeño. Nos presenta a su esposa, a su madre y a sus dos hijos. Nos preparan unas tajadas de sandía fresquita, un café y cuando rechazamos las galletas, insisten para que comamos unos caramelos. Una vez más nos damos cuenta de que es posible tener una conversación a pesar de no hablar el mismo idioma.

Los autoestoperos chungos

Rukhaia tiene cara de ser el típico tío que te lleva a un descampado y te descuartiza. Apenas habla, las únicas palabras que le oímos son «trokha» (vaca), «tskheni» (caballo) y «tu mujer está muy bien» (o algo parecido, según entendemos por el contexto y su mirada torva). Nos pasamos todo el trayecto ideando un plan de escape para cuando nos intente asesinar. Por suerte no hizo falta ponerlo en práctica, aunque siempre me quedará la duda de si mi uppercut hubiera funcionado…

Beso para su Mercedes y nos da la impresión de que es un taxi, así que le pregunto «¿eres un taxi?». Dice que sí y con un gesto le indico que no vamos a subir y me voy. Se queda mirándonos y un minuto después dice «no money». ¿Que nos lleva sin pagar? Pues sí, eso parece, así que aceptamos. A su coche no le falta ni un detalle poligonero: asientos tapizados de falso cuero, unos guantes de boxeo con la bandera de Georgia colgando del retrovisor, la música reventándonos los tímpanos… Y lo peor: conduce demasiado deprisa por una carretera comarcal. Nos bajamos del coche con los pelos de punta.

Los números de un mes de autoestop por Georgia

  • Nº de vehículos que hemos tomado: 36
  • Nº de coches: 27 + 1 pick up
  • Nº de furgonetas: 3
  • Nº de camiones: 1
  • Nº de camionetas: 2
  • Nº de coches de policía: 1
  • Nº de taxis: 2 (¡nos llevaron sin pagar!)
  • Nº de coches de más de 20 años: 13
  • Nº de coches de lujo: 6
  • Tiempo medio de espera: 13 minutos
  • Tiempo mínimo de espera: 0 minutos
  • Tiempo máximo de espera: 1 hora
  • Distancia total recorrida: 1.325 kms
  • Nº máximo de kilómetros en el mismo vehículo: 276
  • Nº mínimo de kilómetros en el mismo vehículo: 0,5 (atravesando una zona en obras, un camionero se empeñó en que subiéramos y nos soltó un minuto después)
  • Nº máximo de kilómetros recorridos en el mismo día: 276
  • Nº máximo de coches tomados en el mismo día: 4
  • Nº de veces que hemos usado un cartel indicando el destino: 5
  • Nº de conductores que han usado el móvil mientras conducían: 8 (22%)
  • Nº de conductores con el cinturón de seguridad abrochado: 25 (69%)
  • Nº de vehículos en los que un menor de 3 años viaja en el asiento delantero: 2
  • % de conductores georgianos que se santiguan al ver una iglesia: 99
  • Nº de veces que nos invitan a cenar o a tomar algo después de llevarnos: 3
  • Nº de veces que nos quedamos a dormir en casa de alguien que nos ha recogido en autoestop: 1
  • Nº de coches en los que aparentemente no cabemos, pero aun así se esfuerzan por hacernos sitio: 3
  • Nº de coches que se ofrecen a llevarnos sin que estemos haciendo autoestop: 3
  • Nº de coches que pasan de largo su destino para llevarnos al nuestro: 3
  • Nº de veces que casi atropellamos a una vaca: 2
  • % de conductores que eran eran hombres: 100
  • Nº de conductores georgianos: 31 (entre los que no lo eran, había un turco, dos holandeses, un finés y un armenio)

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Itziar Marcotegui

Su primer gran viaje fue recorrer África de sur a norte, en transporte público, durante un año (entre 2010 y 2011). Parece que le gustó la experiencia y cada año pasa varios meses fuera de casa descubriendo el mundo.

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