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Turquía a punta de pulgar

por | Ago 4, 2014 | Hacia el Cáucaso, Nuestros viajes, Turquía, Viajar por Asia | 6 Comentarios

Aunque ya habíamos hecho autoestop en Jordania y en varios países de África, nunca lo practicamos de manera regular o como medio de transporte principal. Animados por Juan y Laura tras escucharlos en las II Jornadas de los grandes viajes, decidimos viajar por Turquía en autoestop. Las palabras de Burak, nuestro anfitrión de Couchsurfing en Konya fueron el empujón definitivo. Lo teníamos en mente y cuando nos dijo «¿No habéis pensado hacer dedo?» lo vimos claro. No solo eso, casualmente él trabaja cerca de la carretera que llevaba hacia Capadocia, nuestro siguiente destino. Era una señal.Al día siguiente, a las siete y pico de la mañana, comenzaba nuestra aventura autoestopera por el país.

Ahora, después de un mes moviéndonos a dedo, la mayor parte durante Ramadán, podemos decir que viajar en autoestop por Turquía nos ha resultado fácil y divertido. Y, además, barato. Hemos conocido a unos cuantos personajes interesantes y también a gente que pronto olvidaremos. Unos callados, otros parlanchines, todos generosos y, por cierto, todos los conductores eran hombres.

Mis autoestoperos turcos favoritos

Entre mis preferidos está Ercan, un camionero de Antakia de 37 años. Solo habla turco, pero como tiene ganas de charlar estiramos las conversaciones todo lo posible con nuestro escaso (sobre todo el mío) turco. Tiene el pelo largo, algo que apenas he visto en Turquía, y es un poco macarra. Es aleví (una rama del Islam) y no hace ayuno durante el Ramadán, por suerte para nosotros. Para en una gasolinera y nos trae agua y refrescos. Para en otra y nos invita a comer, y con cara muy seria se niega a dejarnos pagar pues nos dice que somos sus invitados. Y aquí eso se lo toman muy a pecho. Es un tipo atento que se preocupa por que vayamos cómodos y cuando ve que me estoy quedando frita con el traqueteo, me ofrece su cama en la cabina del camión. Solo le faltó arroparme. Nos despedimos después de hacernos unas cuantas fotos con él en las que pone cara de duro.

autoestop en turquia

Ercan, el camionero macarra que era un trozo de pan.

Şenel es herrero, por eso su hija Cemre (de 9 años) tiene un hacha en la mano cuando entramos en su furgo. El padre solo habla turco, la niña sabe dos palabras en inglés y es muy lista, por eso nos entiende mejor y le traduce al padre lo que le decimos Pablo (en turco macarrónico) y yo (en turco a lo Tarzán). Los últimos kilómetros entre Amasya y Tokat los hacemos volando: hay que llegar a tiempo al iftar (la cena diaria durante Ramadán). Para nuestra alegría nos invita a cenar en su casa, con su mujer, Nermin, y su otro hijo, Batuhan. A pesar de las limitaciones del lenguaje hay comunicación: Nermin es muy espabilada y conseguimos entendernos y reirnos. Dicen que nos invitarían a quedarnos en su casa, pero ella se levanta muy temprano (3 AM) y nos ofrecen venir en otra ocasión, cuando no sea Ramadán y ella vuelva a su horario normal de trabajo. Después de la cena nos llevan en la furgo a un hotel y hasta nos acompañan (todos, los cuatro) a la habitación para comprobar que esté todo en orden. Como Nermin madruga mucho y antes de acostarse tendrá que recoger y fregar, mientras su marido se relaja, se van sin dejarse invitar a un helado. Me despido de Nermin con un abrazo prieto y sentido.

Toda la familia disfrutando del iftar.

Toda la familia disfrutando del iftar.

Erol tiene cincuenta y tantos años. Chapurrea algo de inglés, poco, pero se esfuerza mucho por comunicarse. Su país preferido es Cuba, le encantó cuando lo visitó (y luego, puño en alto y con una gran sonrisa, se confiesa comunista y entona las primeras estrofas de la Internacional). Nos lleva a Saratlı, el pueblo donde tiene una tienda de recuerdos, y allí nos invita a té, nos lleva a ver una parte de la ciudad subterránea, nos regala un mapa y un libro de la zona y hasta nos quiere invitar a comer. Nos da pena decirle que no, pero hemos quedado con un couchsurfer en otra ciudad. Entonces nos lleva en coche a la carretera principal y se espera con nosotros a que alguien pare; a los cinco minutos le damos pena y dice que subamos al coche, que nos lleva él a nuestro destino, que está a 70 kms. Por segunda vez declinamos su oferta, no queremos molestarlo más, y sigue esperando hasta que unos minutos después para un coche para llevarnos. Satisfecho, puede volver a su tienda a tomarse otro té.

autoestop en turquia

Erol nos adoptó durante unas horas

Cuando nos subimos en el Mercedes blanco con asientos de cuero de Birol, sentir el aire acondicionado nos dio una alegría. Está en Capadocia de vacaciones con su novia. Él habla inglés, ella parece que no hable siquiera turco. Birol se dedica a instalar aires acondicionados y como aquí la construcción vive un momento dulce, le va muy bien y viaja mucho a China, nos cuenta. Después de un trayecto de apenas veinte minutos nos da su tarjeta y dice que le llamemos si vamos a Antalia, la ciudad donde vive, que le encantará alojarnos. Y estoy segura de que es sincero.

Nurullah nos vio en la carretera y no dudó en parar su camión, casi derrapando, aunque ni siquiera hubiésemos hecho amago de pedir un pasaje. Tiene un enorme bigote canoso encima del cigarro siempre encendido. Solo habla turco y le gusta el palique, no para de contarnos y preguntarnos cosas. Los tres nos reímos mucho durante todo el trayecto, seguramente entendiendo muy poco de lo que dice el otro, pero eso es lo de menos.

Los números de un mes de autoestop por Turquía

  • Nº de vehículos que hemos tomado: 37
  • Nº de coches: 20 (algunos normales, otros decrépitos y dos Mercedes nuevecitos con aire acondicionado y todo) + 5 pick up (en dos de ellas viajamos en la caja, pero no se lo digáis a nuestras madres).
  • Nº de furgonetas: 9
  • Nº de camiones: 3
  • Tiempo medio de espera: 8,3 minutos
  • Tiempo mínimo de espera: 0 minutos (varias veces nos paramos, extendimos el dedo y paró el primer coche antes de pestañear)
  • Tiempo máximo de espera: 28 minutos (en Capadocia, un domingo de Ramadán con poco tráfico)
  • Distancia recorrida: 1.844 kms
  • Nº máximo de kilómetros en el mismo coche: 350 (en un camión)
  • Nº mínimo de kilómetros en el mismo coche: 4
  • Nº máximo de kilómetros recorridos en el mismo día: 466 (en 3 vehículos).
  • Nº máximo de coches tomados en el mismo día: 6 (para recorrer 180 kms)
  • Nº de veces que hemos usado un cartel indicando el destino: 12
  • Nº de vehículos conducidos por menores de edad sin carné: 2
  • Nº de conductores que han usado el móvil mientras conducían: 29 (78%)
  • Nº de conductores con el cinturón de seguridad abrochado: 6 (16%)
  • Nº de vehículos con música turca: 18
  • Nº de vehículos con música no turca o radio: 0
  • Nº de vehículos que nos preguntan si nos llevan, aunque no estemos haciendo dedo: 5
  • Nº de fracasos: 1
autoestop en turquia

Ülia y Kemal nos llevaron en un mítico Tofaş

El fracaso

Como algunos sois un poco morbosos, que lo sé yo, querréis saber cómo fue lo del fracaso.  El error fue colocarnos demasiado cerca de la ciudad, antes de un polígono industrial. El destino de muchos coches era la propia ciudad o el polígono, así que no teníamos nada que hacer. Al cabo de media hora plegamos, pillamos un bus que nos alejara más de la ciudad y volvimos a desenfundar el pulgar. Lo gracioso es que durante la espera en la ciudad se nos acercaron ocho personas a intentar ayudarnos. Varias nos indicaban dónde quedaba la estación de autobuses, otra nos recomendaba que en vez de utilizar un cartel les pidiésemos que parasen solo enseñando el dedo y ya les diríamos dónde íbamos, otra nos informó de que el cartel estaba mal escrito (era un folio con la letra lo más grande posible para que se viera de lejos; como no cabía todo en una línea, escribimos Yusu-feli y nos dijo que era Yusuf-eli, mientras se tapaba un ojo indicando que los conductores no podían leer esa palabra mal escrita), otras decían -con razón- que ese no era un buen sitio para hacer dedo… También paró un taxi al que nadie había llamado y se enfadó cuando no quisimos subir. Otro tipo paró el coche para decirnos que él iba a Yusufeli mañana, que si nos venía bien, nos llevaba.

Este fracaso lo metemos en nuestro saco de aprendices de autoestop.

La reflexión

Hay una cosa del autoestop que me gusta mucho. Mientras que Couchsurfing te permite acercarte a gente a la que ya le supones ciertas características solo por formar parte de esa red (ser abiertos, tener curiosidad por otras culturas, hablar al menos un par de idiomas, haber viajado, etc.), el autoestop te pone en contacto con gente de todo pelaje. Porque muchos de los que nos han llevado solo hablan turco, apenas han salido de su región, muchos son tradicionales… son gente «normal». Por eso, el autoestop nos permite conocer esa cara del país, la de la gente «normal». Y eso me gusta.

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Itziar Marcotegui

Su primer gran viaje fue recorrer África de sur a norte, en transporte público, durante un año (entre 2010 y 2011). Parece que le gustó la experiencia y cada año pasa varios meses fuera de casa descubriendo el mundo.

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6 Comentarios

  1. SaltaConmigo

    El autostop tiene algo especial. Muchas veces para el que menos te esperas y se convierte en amigo para siempre (nosotros subimos al camión de un brasileño en Ouro Branco y todavía hablamos por facebook con él, más que en persona porque entonces nuestro portugués todavía era más que macarrónico).
    Lo del fracaso… nada, de todo se aprender, ¿pero sólo 28 minutos y ya lo considerasteis un fracaso? Nosotros lo mínimo que estuvimos en la Carretera Austral fueron ¡tres horas cada vez! Y encontramos a unos chicos que llevaban un día y medio esperando 😮 También es cierto que allí no había opción de coger un bus… porque no había bus.
    No se nos ocurrió apuntar todos los datos… bien aprendido de Juan 😉

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    • Itziar

      Como decís, el autoestop tiene algo de especial, sí.
      El fracaso es una manera -un poco dramática, lo reconozco- de hablar. Es más bien el reconocimiento de que nos equivocamos de sitio. Y, además, estábamos muy mal acostumbrados, normalmente en pocos minutos paraba alguien para llevarnos.
      ¡Gracias por comentar, compañeros autoestoperos!

      PD: si leéis mis entradas de África de cabo a rabo veréis que siempre apunto datos, por peregrinos que sean 😉

      Responder
  2. Gustavo Prieto

    No hay fracaso haciendo autoestop. Ademas 30 min no es nada. Yo he estado en Serbia 4 horas!! Y mucha gente se tira el día entero. Depende del lugar, el día, etc…

    Hacer autoestop ha sido una de mis mejores experiencias. Disfrutadlo!!

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    • Itziar

      Como decía por ahí arriba en realidad no es un fracaso sino el reconocimiento de habernos colocado en un sitio poco adecuado. Acostumbrados a que alguien parase en pocos minutos, media hora se nos hizo muy larga .
      ¡Gracias por comentar!

      Responder
  3. Marta

    Totalmente de acuerdo en que el autostop acerca mundos. Y, puestos a empezar, no hay mejor lugar que Turquía para conversaciones de de 3 horas con 3 palabras. ¡Es el arte de los turcos! Y así no hay quien se aburra en auto-stop. ¡Felices viajes!

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    • Itziar

      Totalmente de acuerdo, Marta. Gracias por pasar por el blog y por comentar.
      ¡Buenos viajes!

      Responder

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