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Senderismo de pueblo en pueblo por Svaneti, Georgia

por | Ago 21, 2014 | Georgia, Hacia el Cáucaso, Nuestros viajes, Viajar por Asia | 4 Comentarios

En Svaneti lo primero que te preguntan al saber que vienes de España, es si eres vasco. «Basqui, Soani, hermanos» te dicen con un gesto, juntando longitudinalmente los dedos índices de cada mano. Unos dicen que es una leyenda, otros que hay estudios rigurosos al respecto. Pero todos dicen con orgullo que los pobladores de esta tierra y los vascos tienen un mismo origen. A partir de esta curiosidad parece que uno busque nexos en común automáticamente. Aquí hablan una lengua diferente a la del resto del país; es una zona montañosa, lluviosa, boscosa; y aunque al principio el caracter adusto y la escasa expresividad lleven a pensar que son poco hospitalarios, los hechos demuestran lo contrario. Por suerte.

Llegamos a Mestia (la población principal de Svaneti) haciendo dedo desde Zugdidi en dos coches. En el primero avanzamos apenas 20 kilómetros, esquivando las vacas que poblaban la carretera con soltura, pues el viejo Lada en el que íbamos permitía calificar la velocidad de «paseo turístico». El segundo coche, tras una horita de espera, un 4×4 reluciente con tres holandeses, con parada turística en la presa más importante del país: ella sola genera la mitad de la electricidad del país. Unos días antes se averió (o algo) y dejó a toda la capital del país a oscuras. Cosas que pasan en países como este.

Mestia

Las sensacionales torres de piedra de Mestia

Mestia tiene un aire muy medieval. No por sus calles adoquinadas o los campos que la rodean, sino por las decenas de torres que se levantan en cada uno de sus barrios.Torres vivienda, torres guarida, torres de defensa. En una época en que no había carreteras, ni electricidad ni internet (por allá entre los siglos ix y xiii), cada una de las casas de esta región tenía una torre anexa. Las familias vivían de la ganadería y de la agricultura, y las torres servían de almacén, pero también de defensa frente a saqueos y ataques, frecuentes en esa remota región del mundo. Con el tiempo muchas han aguantado y son tan especiales que están inscritas en el registro de Patrimonio de la Unesco. Y bueno, claro, se han convertido en el reclamo turístico de esta región. Por si fuera poco, están rodeadas de picos de hasta 5.000 metros, llenos de bosques en sus laderas y glaciares en sus picos. Un verdadero espectáculo del que disfrutamos durante una semana.

Subiendo al Glaciar Chalaadi

Subiendo al Glaciar Chalaadi

Que si un día una excursión al glaciar Chalaadi (tormentaza de regreso incluida, con rescate-asalto del único coche que pasó por el camino para que nos llevara sanos y salvos de regreso a nuestra pensión). Otro día caminata por debajo del espectacular pico Ushba (4.700 metros) con un inglés, en busca de una cascada, con visita incluida al control militar georgiano (la frontera con Rusia está del otro lado de las montañas). Y otro día de recuperación intestinal de un servidor y lectura tirados en la cama, que tampoco tiene nada de malo de vez en cuando…

Pero la joya de la corona fue la caminata de tres días que nos llevó de Ushguli a Zhabeshi (a 12 km de Mestia), caminando entre bosques, pasos de montaña, glaciares a tiro de piedra y cruzándonos con decenas de israelitas que invaden esta parte del país. Pero lo mejor, o más interesante, las casas en las que nos quedamos a dormir las tres noches de la ruta.

Tres días de caminata entre Ushguli y Mestia

Pensión en Georgia: conviviendo con las familias

Pensión en Georgia: conviviendo con las familias

La primera, en Ushgili, fue la de Nino (el nombre de mujer más habitual en este país, según unas recientes investigaciones que se ajustan al paradigma Marco Tegui) una doctora de Mestia, residente en Tiblisi, que era el motor de la casa. La abuela estaba más preocupada de ordeñar las vacas (como es lógico), el padre de los caballos y el abuelo de charlar con nosotros en un idioma del todo ininteligible aún (siendo positivos) para nosotros. Dormimos en un cuarto que tenía hasta el techo forrado de papel de flores, las medallas de campeonatos de judo del nieto colgadas en la pared y en el que un pequeño ratoncillo rastreaba la habitación en busca de restos de comida. El resto de huéspedes, seis judios, de los que se hacen su comida y se pasan (ellos, por supuesto, que esa también es una religión de hombres) rezando una hora de la mañana, balanceándose de pie frente a la pared de su cuarto antes de empezar la caminata.

La segunda noche nos refugiamos en el pueblo de Iprali, una agrupación de diez o doce casas con una única torre. Allí Erekle aloja a paseantes en su casa y allí nos quedamos, aunque no nos hiciera más caso del imprescindible: entre cuidar de sus hijos, ordeñar las vacas, ayudar a meter la paja en el pajar, bastante que nos puso sábanas limpias y comida caliente en el plato. Cenamos en su salón, bajo la atenta mirada de Cristo y varios crucifijos. Su cocina no tenía agua corriente ni fogones, pero el baño sí tenía un calentador, lavadora y ducha con una desproporcionada mampara. Nos cedió su cama y su apestoso perro, que se empeñaba en dormir con nosotros.

En casi todas las casas hay una zona a modo de altar

En casi todas las casas hay una zona a modo de altar

La casa de Elisabet nos sentó mejor aún. Llegamos de hacer una caminata de diez horas, destrozados, y aunque era más siesa que un tronco, más carera que ninguna y a pesar de que ese día no había agua caliente (pues apenas llegaba electricidad), su comida, su familia y el lugar nos encantaron. Como regateamos más que los siete israelitas que estaban alojados allí, nos dio de cenar aparte, en la cocina, donde estaba toda la familia que acababa de llegar de Moscú. Aquello era una fiesta. Claro que nos habíamos bebido una botella de 2 litros de cerveza (¡las hay hasta de 2,5 litros!) a medias con uno de los hijos, pero también ellos estaban encantados de tenernos por allí. Sopa de patatas y verduras con cilantro y eneldo, salsa agridulce de ciruelas, guiso de berenjenas con más patatas llenaron nuestros estómagos. El desayuno a base de bollo de queso (un clásico en este país, por lo que vamos viendo), pan recién hecho, café turco, miel, mermeladas, yogur… hizo que nos fuéramos de allí más que contentos.

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Pablo Strubell

Editor de La editorial viajera, escritor y guía de viajes. Cuenta con dos grandes viajes a sus espaldas: Ruta de la Seda (8 meses, en 2005) y África de cabo a rabo (12 meses, en 2010-11). En sus pocos ratos libres escribe para este blog así como para Leer y viajar. Por si fuera poco, organiza las Jornadas de los grandes viajes. Y entre una cosa y otra, intenta viajar.

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4 Comentarios

  1. mansuki

    Hola, aunque todavia es lejos, me gustaria saber unas cosas sobre georgia, bueno basicamente lo mas importante es;
    — los trekking los hiciste por tu cuenta? de forma libre, sin contratar nada de nada? es posible asi?
    — los senderos estan marcados? los alojamientos los tienes siempre? o es mejor llevar caseta por si acaso?
    — crees que en el mes de octubre estara todo nevado? se podra caminar? habra que llevar crampones y piolets?.
    el viaje lo hare solo por libre, en transporte publico se puede hacer el viaje facil? a todos los sitios? hasta las montañas?
    los alojamientos son muy caros? en el pais? y en la montaña?
    la mayor poarte del viaje sera de treking podrias recomendar sitios . ..
    alguna sugerencia mas gracias . . ..

    Responder
    • Pablo

      Hola,
      Nos pides mucha información, sentimos no poder darte tanta, pero te comentamos que
      – sí, hicimos el Trek por nuestra cuenta, durmiendo y comiendo en casas locales.
      – el sendero que seguimos nosotros sí estaba marcado y era fácil de hacer, salvo un cruce de un río. No llevamos nada reservado. No llevamos tienda de campaña (carpa).
      – no sabemos si en octubre ya estará nevado, pero puede ser. Nosotros lo hicimos en agosto, y no hacía falta equipo especializado como el que comentas.
      – sí, había transporte público bueno, y se puede hacer autoestop fácilmente también. Alojamiento en casas particulares suele costar 10 a 15 euros.
      Las mejores zonas de trekking alrededor de Mestia, Kazbegi y Omalo.
      Suerte,

      Responder
  2. ruben

    Hola,

    estoy pensando hacer este trekking este verano.

    Tengo una duda, cuando llegas al último pueblo, generalmente por lo que leo, Ushguli, como vuelves a Mestia ?

    Gracias !

    Responder
    • UnGranViaje

      Hay furgonetas que hacen el trayecto. O hacer dedo es muy fácil, hay relativamente bastantes coches haciendo ese trayecto en verano. De todas formas nosotros lo hicimos al revés, y acabamos andando en Mestia

      Responder

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