Cambiando el rumbo

por | Ago 28, 2010 | África de cabo a rabo, Angola, Viajar por África | 3 Comentarios

No la habíamos visto tan sonriente en los días anteriores: estaba radiante. Lo interpretamos como un buena señal. Además, esta vez no estaba detrás del cristal blindado, estaba en la sala de espera, hablando con otros compatriotas que tramitaban cualquier documentación. Pintaba bien y nos saludó al vernos. Creíamos que todo eran señales. De las buenas… hasta que la funcionaria de la embajada de Angola en Windhoek se acercó a nosotros y nos soltó, con normalidad: «No, no os vamos a tramitar el visado. Si queréis visitar Angola tenéis que volver a España y solicitarlo allí». Por unos instantes creímos que nos estaba vacilando, pero nos lo repitió con la misma sonrisa y frialdad en su tono de voz. No era broma. De repente se nos cayó el mundo encima. De repente nuestra ruta encontraba un escollo infranqueable: no podíamos seguir remontando África por la costa atlántica, como era nuestra intención inicial.

Era nuestro cuarto día consecutivo de visita a la embajada de Angola. El primero fuimos a pedir toda la información necesaria para tramitar el visado, pero ya nos dieron las primeras malas noticias: la norma es tramitar únicamente visados para los residentes en ese país y, además, había no sé qué nuevas reglamentaciones que habían entrado vigor (increíblemente) el lunes anterior a nuestra visita y que hacían que las embajadas de Angola hubieran empezado a ser mucho más firmes en los procesos de tramitación de los visados. Es decir, si queríamos pedir el visado en Windhoek o nos hacíamos residentes namibios o podíamos, tal vez, hablar con la embajada española en Namibia para que nos escribieran una carta de apoyo a nuestra solicitud y conseguir con ello hacer la excepción a la regla. Así que allí nos fuimos, zumbando, a pedir el favor a nuestra embajada. Y nos hicieron el dichoso papel, para nuestra alegría y sorpresa, sin mayores dificultades (gracias, Isabel, gracias, Rufino). Parecía que íbamos a sortear el obstáculo inicial.

Regresamos el martes con toda la documentación: pasaporte y su fotocopia; fotos de carnet; carta de la embajada española apoyando nuestra solicitud (y exponiendo que no habíamos solicitado el visado en la embajada de Angola en España hace más de 4 meses porque nos hubiera caducado a los 3 meses, es decir, antes de entrar al país); por si no fuera poco teníamos un billete de avión comprado y emitido para el 13 de septiembre para salir del país, hacia Sao Tomé, para que vieran que no nos íbamos a quedar en el país más tiempo del necesario… Además, íbamos con los estados de nuestras cuentas bancarias (nos habían dicho en la Embajada angoleña en Sudáfrica que nos lo pedirían) y teníamos, incluso, la que pensamos que sería la baza definitiva, irrechazable: una carta de invitación de una amiga de un amigo (gracias por todo, Rosa) que vive en Angola y trabaja para la embajada española allí, que decía que esperaba nuestra visita y que se hacía cargo de nosotros allí. Todo con su membrete y oficialidad… No podía ir mal, pensábamos, lo teníamos todo.

Pero no sirvió de nada. El miércoles pasamos por allí nuevamente a ver si había noticias, pero nos pidieron volver al día siguiente. Tal vez entonces, el encargado de la tramitación de los visados hubiera estudiado nuestra documentación. Y, en efecto, al día siguiente, jueves, nos dieron las malas noticias. No había nada que hacer. No nos emitirían el visado. Suponía que tras Sudáfrica y Namibia nuestro viaje no podía seguir hacia el norte, todo un revés a nuestros planes.

Nadie se extrañó en la embajada española cuando volvimos a contárselo. Se ve que Angola, tras años de guerra civil, de repente se ha encontrado con petroleo. Con mucho. Se ve que están extrayendo más cantidad que Arabia Saudi. Y diamantes. De repente el dinero fluye a mansalva, enriqueciendo a dirigentes, políticos y demás nobles (ex-militares, quiero decir). Así que el turismo les da igual. De hecho, es un engorro. A pesar de que se emiten visados de turismo desde 2007 han debido llegar a la conclusión de que un turista, un observador externo, no les viene demasiado bien, así que todo son dificultades. El país, sumido en la pobreza, debe tener una clase dirigente boyante, rica, riquísma, no demasiado interesada en otro beneficio para el país que no sea el suyo propio. Imaginaos del estado de las cosas: Luanda, su capital, ha sido aupada recientemente a la capital más cara del mundo para que resida un expatriado (según la consultora Mercer) por encima de Tokyo, Moscú u otras ciudades mundialmente famosas por sus precios elevados. De repente todo el mundo quiere ser rico, la fiebre del petroleo…

Sopesamos qué hacer. La verdad es que no teníamos un interés especial por Angola, salvo por el hecho de que estaba en el camino y por ser un país que apenas conoce el turismo. Pero casi todo fueron argumentos en contra: la corrupción campa a sus anchas y seguro que nos iba a afectar antes o después; algunas zonas están plagadas de minas, no se puede visitar a la ligera; además, viajar por el país nos iba a costar la friolera de entre 100 y 150 dólares por día por persona: a esos precios, no dan muchas ganas de explorarlo, de perderse, de pasar días y días en él. En resumen, decidimos no agotar la vía extra oficial que nos habían ofrecido en nuestra embajada (el cónsul español podía llamar a su homólogo angoleño para intentar conseguir como un favor personal que nos emitieran el dichoso visado) y pensamos que dejábamos Angola para otra ocasión. Y de un día para otro, decidimos cambiar la ruta, sin mucho dolor, todo sea dicho.

Así que África de cabo a rabo ahora se dibuja por otros caminos. De repente aparecen en nuestro horizonte Zambia, Malawi y tantos otros países, ciudades, gentes y parques naturales con los que no contábamos. De repente tenemos una hoja en blanco, desconocida. Y nos alegramos de poder ir dibujando nuestra ruta día a día, improvisando, en función de los acontecimientos. En el fondo nos da igual: lo que queremos es viajar, ver mundo, conocer África. Así que viramos al este. Tras Namibia vendrá Zambia, otro gran desconocido. ¿O alguien nos puede contar algo de él sin tener que buscarlo en el mapa?

Pablo Strubell

Editor de La editorial viajera, escritor y guía de viajes. Cuenta con dos grandes viajes a sus espaldas: Ruta de la Seda (8 meses, en 2005) y África de cabo a rabo (12 meses, en 2010-11). En sus pocos ratos libres escribe para este blog así como para Leer y viajar. Por si fuera poco, organiza las Jornadas de los grandes viajes. Y entre una cosa y otra, intenta viajar.

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3 Comentarios

  1. MARIVI

    HAY PAISES QUE LO PONEN MUY COMPLICADO PARA PODER ENTRAR…, PERO LO QUE ME PARECE MENTIRA QUE DESPUES DE «TANTO INGENIO» Y RECURRIR A TODO LO QUE SE OS FUE OCURRIENDO NO LO PUDIERAIS CONSEGUIR , EN FIN! ELLOS SE LO PIERDEN!! ADEMAS , POR LO Q TENIA ENTENDIDO BUTAN ERA EL PAIS MAS CARO DEL MUNDO PARA PODER VISITARLO PORQ HAY Q PAGAR «UN IMPUESTO » POR CADA DIA Q SE ESTA, PERO VEO Q ANGOLA ESTA AL MISMO PRECIO…
    ANIMO! Y Q NOS SIGAIS HACIENDO DISFRUTAR DE VUESTRAS EXPERIENCIAS

    Responder
  2. Sofia

    Olá!
    Ainda bem que não foram obrigados a mudar o rumo.
    Assim pudemos conhecer-nos e Angola ficou a ganhar com a vossa presença.
    Um grande abraço
    Sofia (Benguela)

    Responder
  3. Itziar

    @ Sofia: Olá!
    Moito obrigados! Obrigados por o seu carinho e amizade, por o quarto, por a comida… por tudo.
    Ficamos moito felizes de ter conhecido voces. A prossima visita, a Madrid.
    Beijos!

    Responder

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