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Khiva / Bukhara

por | Jun 29, 2005 | Blog, Nuestros viajes, Ruta de la seda, Uzbekistán | 0 Comentarios

Pues aquí sigo. A punto de ebullición. 37 grados a la sombra. 43 al sol, según el termómetro. Suerte que es seco. Y, si uno no se mueve, no suda demasiado. Pero no es normal tener que beber 4 litros de agua al día (incluyendo té y cocacolas, para subir la tensión). Es que ¿quién me manda a venir a Uzbekistán, con el desierto del Kyzylkum en el mismo medio (mismo medio en el que estamos), en pleno junio? Claro que podía ser peor en julio y agosto… pero suficiente con este calor para mí.

Poco podemos hacer de 2 a 6 de la tarde. Aparte de estar tumbados, con el aire acondicionado (cuando lo hay) leyendo tranquilos o escribiendo postales como los mismos locales hacen (lo de tumbarse, no lo de las postales, que yo sepa), y esperar a que caiga el sol para que podamos salir de nuestras cuevas a ver la ciudad, las mezquitas, madrazas y tantos monumentos que la ciudad guarda. Algunos, terriblemente ocultos (y cerrados); otros, bellos y antiguos (que llaman a gritos al turista o, más bien, los vendedores a su puerta).

Estamos casi solos. Somos como héroes, que resistimos a las inclemencias del tiempo. Y es que es temporada baja y todos se han olvidado de Uzbekistán. Bueno, o que han venido antes (marzo y abril) o vendrán más tarde (septiembre y octubre). Como debe ser. Como debería ser pues, con las vacaciones que tenemos en España, poco se puede hacer al respecto. Salvo dejar el trabajo.

Los hoteles están para nosotros. Ya van dos en los que somos los únicos clientes. ¿Esto es el lujo asiático? Pues va a ser que sí. Nos miman en los hoteles y nos asedian en las calles. Muchas tiendas para pocos turistas indudablemente significan asedio constante. La venta es necesaria, la proposición constante, pero a unos precios… maleados (yo creo) por un exceso de turistas americanos y japoneses. Los precios de algunas cosas son simplemente descomunales. Aunque se regatee. Aquí pasaron de la economía planificada a la economía agresiva en nada y no acaban de entender (o no quieren) que no compres porque no te gusta. O que quiera ver todos los manteles de la tienda, para ver si hay alguno que te guste un poco. Una vez vistos todos, no entienden cómo no compras ninguno, y que no es ya cuestión de precios.

En general, las ciudades, como tales, no son muy bonitas, por lo visto hasta ahora. Son ciudades, salvo la ciudadela de Khiva, de corte ruso; es decir, grandes avenidas cuadrilíneas, de edificios sobrios, parcos, sencillos, pobretones. Dejados, sin renovar. Ya son varias las personas que dicen que estaban mejor con los rusos. Cuando no había cortes de agua, ni de electricidad. Cuando el dinero no se lo repartían unos poquitos en el gobierno central. Los medios de transporte públicos, lamentables. Las infraestructuras telefónicas y eléctricas, de hace ya varios años (o decenios).

Pero la gente es amable y tranquila. Gusta de hablar con el extranjero (aunque no nos entendamos) y no rehuye el contacto ni se esconde. Aunque la mujer, como siempre, es la que trabaja, la que no bebe, la que cuida de los niños. El hombre está más preocupado de jugar con sus amigotes o estar tumbado mientras corre el aire. Total, ¿para qué moverse, si lo hace ella?. Supongo que es algo genético y no necesariamente herencia de los khanes que gobernaron el país hasta los años 20 (llegada de los bolcheviques) con sus lujos, harems y demás conforts (ver foto para hacerse una buena idea de cómo eran).

Bukhara, donde estamos ahora, es una ciudad amable si bien pobre, fácilmente abarcable caminando (por lo menos los principales puntos turísticos). Es algo peligrosa (para los tobillos menos resistentes), pues apenas hay ninguna calle asfaltada en el casco antiguo, turístico. Resulta increíble, en esta ciudad (la tercera en importancia del país), el estado de dejadez y de pobreza de esta zona. Caminar de un monumento a otro es meterse en barrios en los que parece que apenas ha llegado la electricidad y agua potable hace unos meses. Del atraso. Impacta, como turista, que entre monumento y monumento, nos dejen ver esa realidad. Hay decenas de madrazas (antiguos colegios córranlos, ahora solo hay una en uso -ver foto-), unas mejor cuidadas que otras (la mayoría cerradas), varias mezquitas (pocas activas pero bellas) y recuerdos de un pasado de durezas y crueldades, como la Antigua cárcel o el Castillo donde residía el Khan, que fue prácticamente arrasado con la llegada de los rusos. Lo peor es que en cada monumento hay tiendas de souvenirs, varias, y que intentan repartirse a los turistas incautos que entran, no dejando apenas disfrutar de la belleza de los mismos monumentos. Cada entrada a monumento es como un pequeño reto para intentar verlo, para intentar deshacerse de la agresividad y presión para «just looking» que nos piden.

En Khiva, donde estuvimos antes, las cosas son más «bonitas». El turista camina por la ciudadela amurallada, de monumento en monumento (están prácticamente todos alineados en dos largas calles que se cortan), de preciosos y esbeltos minaretes a lujosas mezquitas tradicionales, pasando por alguna mansión del Khan, o gobernador, adornada con lujos. Todas bien reconstruidas y bonitas. Demasiado. Y, salvo que el turista no se salga de la ciudadela para ir al bazar o a las calles traseras, no hay problema, pues apenas verá la misma realidad que en Bukhara.

Comer, aunque estemos en una ciudad turística, resulta poco menos que imposible. Bueno, mejor dicho, comer algo que no sea todo el rato lo mismo, porque sopa y kebabs no faltan en ningún rinconcito. Al tercer día de comer lo mismo, como que cansa. Hemos descubierto un restaurante llamado Gengis Khan (el Mongol que arrasó esta ciudad, vaya paradoja) que es fantástico y tiene menú coreano, cosa no extraña en este país, al parecer, pero es la primera noticia que tenemos. ¡Ricas sopas de tallarines, carnes con cilantro y todo lo que uno puede esperar de la comida asiática, en esta ciudad! ¡Vaya cambio!

¡Un abrazo!

Pablo

P.D.: aquí os adjunto otra web de un fotógrafo profesional, con excelentes fotos de toda la región en la que estoy, por si os aburrís o queréis alucinar un rato.

Publicado originalmente el 29 de junio de 2005.

Pablo Strubell

Editor de La editorial viajera, escritor y guía de viajes. Cuenta con dos grandes viajes a sus espaldas: Ruta de la Seda (8 meses, en 2005) y África de cabo a rabo (12 meses, en 2010-11). En sus pocos ratos libres escribe para este blog así como para Leer y viajar. Por si fuera poco, organiza las Jornadas de los grandes viajes. Y entre una cosa y otra, intenta viajar.

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