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Dos semanas en Laos

por | Dic 3, 2025 | Blog, Laos, Nuestros viajes, Viajar por Asia | 0 Comentarios

Luang Prabang

3 de diciembre

¡El mítico Mekong! Por fin.

Tal vez me falla la memoria pero juraría que en mis múltiples viajes al Sudeste Asiático nunca me había encontrado con él.

Estuve en el sur de China, pero creo que no lo vi. Tampoco en Myanmar o Tailandia coincidí con él.

Estuve en Vietnam, también en el sur, pero creo que nunca nos cruzamos.

En Camboya aún no he estado.

Y, por fin, en Laos, en Luang Prabang, llegué a verlo. Y mañana a navegarlo.

Terroso y marronuzco. Rodeado de vegetación y enormes árboles. Tranquilo en su descenso y en esta ciudad, con decenas de cafés y restaurantes con miradores sobre él. Es tal y como lo visualizaba en mi imaginación.

Pues eso, que tardé, pero por fin nos conocemos, querido Mekong.

4 de diciembre

Hoy empezamos el día a las 5 de la madrugada. Queríamos ver el sai bat, una procesión diaria de monjes budistas al amanecer, en la que reciben ofrendas de comida, principalmente arroz glutinoso, de los devotos locales y turistas. 

Los fieles preparan y entregan los alimentos en silencio, sentados a la orilla de la calle, mientras los monjes caminan descalzos con sus cuencos para recoger la comida. 

Este acto, considerado sagrado, sirve para que los monjes obtengan su única comida del día y para que los donantes ganen méritos para su próxima vida. 

La práctica es un pilar fundamental en la vida de las comunidades budistas Theravada (en Laos pero también en Tailandia, Myanmar o Camboya), simbolizando una relación simbiótica de apoyo mutuo entre la comunidad laica y la orden monástica. 

Muchos turistas participan en el Sai Bat, en la calle principal donde se encuentran varios monasterios. Compran arroz y lo reparten, sean o no creyentes. Supongo que en eso los monjes ganan con la masificación del turismo: reciben más comida.  

Pero las fotos con flash, el ruido, el acto ceremonial convertido en suceso turístico es algo que no les agrada.

¿Qué debemos hacer? ¿Ignorarlo, participar, observar, no fotografiar?

Yo, con la misma curiosidad y respeto de siempre, me alejé del centro, me paré junto a unas feligresas y durante media hora observé el paso, los rezos y cánticos, la devoción y respeto de los creyentes.

Observar costumbres ajenas, con respeto y distancia, hace que entendamos un poco mejor el mundo en que vivimos.

5 de diciembre

La respuesta siempre está en los mercados.

Qué compran, dónde está hecho, a qué precios, cómo se relacionan, si regatean, quién vende, cómo está de limpio, etc, etc…

Fotos del mercado de Phosy, Luang Prabang.

6 de diciembre

Siento que ninguna de las fotos que he hecho en estos cuatro días en Luang Prabang le hace honor.

Siento que esta galería no capta su esencia, su calma, su belleza.

Me quedo, eso sí, con lo mucho que he disfrutado con los paseos por la orilla del Mekong y sus atardeceres; con sus callejones de casas estilo colonial francesas mezcladas con otras de madera estilo laosiano; 

Me quedo con sus enormes árboles, o bonitos frangipanis o buganvillas; con nuestras incursiones en templos y monasterios.

Me quedo con sus ricas comidas, zumos o cafés cultivados aquí.

No me extraña que tanta gente venga para dos o tres días y se queden semanas.

Nong Kiaw

8 de diciembre

Sin mucha originalidad pero con mucha ilusión nos pusimos en marcha rumbo norte, camino a una de las joyas de este país.

En una furgoneta decente, con una persona por asiento, en 5 horas de bacheada carretera nos plantamos en la famosa Nong Kiaw.

La zona es famosa por sus montañas kársticas que se levantan abruptas junto al río Nam Ou. Y por ser un lugar tranquilo, remoto y sin demasiado jaleo.

El pueblo, refugio de mochileros durante décadas, tiene miradores a los que trepar y cuevas en las que se refugió en los años 70 la población, mientras los EE.UU. bombardeaban brutalmente la zona durante 7 años. Aún quedan millones de bombas sin encontrar ni detonar en el país.

Mañana madrugamos para subir a algún mirador, ¿estará despejado o nos encontraremos el mar de nubes?

8 de diciembre

Lo de los miradores en Nong Kiaw es la gallina de los huevos de oro de la población. Y hay tantos que ya han perdido la cuenta.

¿La idea? Que subas a todos, al amanecer, al atardecer, que hagas noche en ellos… y a 2 euros por mirador por guiri, pues haz la cuenta.

Nosotros elegimos solo dos. Uno para ver el atardecer (Sleeping lady, durísimo de trepar) y el de Phadeng (una hora de subida más razonable).

En el pueblo cada mañana amanece cubierto por la bruma, que a eso de las 9 o 10 despeja.

Para verlo tapado subimos a esa hora, confiando en que despejara, cosa que hizo, pudiendo ver todo el proceso y las preciosas vistas.

No estuvimos solos. Unos presumidos monjes también estaban y posaban en todos los lugares del mirador. Una pareja, una polaca, algunos tailandeses y chavalada local, ruidosa, pues era festivo.

Si estuviéramos en China o en Suiza ya habría un teleférico. Por el momento toca sudar para ganarse las vistazas.

Muang Ngoi

9 de diciembre

Los ríos son las mejores autopistas en Laos.

Sin baches ni polvo ni conductores kamikazes (como los del otro día para llegar hasta aquí) el único obstáculo real son las presas que se van construyendo para garantizar la electricidad a las poblaciones.

Hoy llegamos a Muang Noi, apenas a una hora de Nong Kiaw en barco.

13 de diciembre

Muang Ngoi resultó ser un pueblito tranquilo, en el que bajar aún más las revoluciones.

Rodeado de arrozales y picachos, recibe con ilusión a los turistas que buscamos tranquilidad y mostramos curiosidad por su forma de vida.

Aparte de pasar un buen rato leyendo en la hamaca o charlando con otros viajeros, caminamos entre arrozales secos a un par de pueblitos de la zona, de casas precarias, sin cobertura de teléfono ni luz eléctrica ni agua corriente en cada casa.

Paseas por ahí, siendo observado, al igual que lo haces tú. En un pueblo haces gasto en uno de los dos restaurantes. En otro compras unas telas a las mujeres que las hacen en los telares, a la vista de todos. Esperas que sume un poco.

En el pueblo de Muang Ngoi, donde hay quince hoteles y otros tantos restaurancitos, nos cuentan cómo antes venía más turismo y les gustaba. Ahora parece que tengamos más prisa y la mayoría vienen en excursiones de día, dejando mucho jaleo y poco gasto, como los cruceros en las ciudades.

Qué pena venir a Laos y venir con prisa. Este país pide viajar lento.

Pablo Strubell

Editor de La editorial viajera, escritor y guía de viajes. Cuenta con dos grandes viajes a sus espaldas: Ruta de la Seda (8 meses, en 2005) y África de cabo a rabo (12 meses, en 2010-11). En sus pocos ratos libres escribe para este blog así como para Leer y viajar. Por si fuera poco, organiza las Jornadas de los grandes viajes. Y entre una cosa y otra, intenta viajar.

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