Monte Fuji
30 de octubre
Día 15: Monte Fuji desde Kawaguchiko.
Se hizo de rogar pero al final se mostró.

Ojalá mañana que estaremos en la zona de los 5 lagos, entre bosques y con miradores, se deje ver de nuevo, aunque pinta nublado…
31 de octubre
Día 16: Fujiyoshida.
En cada templo hay una pequeña taquilla donde, tras pagar 3 a 6 euros, monjes especializados en caligrafía escriben a mano y estampan un recuerdo de la visita. Se llaman goshuin.
En cada goshuin se indica la deidad del templo o santuario, el nombre del lugar y la fecha de la visita.

Los hacen en cuadernos especiales, los goshuincho, encuadernados en forma de acordeón, de papel continuo y de gran calidad, para que la tinta no traspase. Y de derecha a izquierda, «al revés».
Los peregrinos fueron los primeros en usarlos. Más tarde, se han convertido en una manera de tener un recuerdo también para los turistas, nacionales e internacionales.
Y es que cada sello, cada grafía, es una pequeña obra de arte.
1 de noviembre

Día 17: En un «love hotel», en un pueblito cualquiera entre el monte Fuji y Matsumoto.
Nos está costando muchísimo encontrar alojamientos. Hemos venido al país de la planificación a intentar fluir e improvisar y no está funcionando. Nos hemos equivocado con el planteamiento del viaje.
Así, desesperados, hemos venido a parar a este hotel por horas, a casi 70 euros la noche… en un pequeño pueblo con estación de tren camino a Matsumoto.
El resto de hoteles en esta ciudad estaban por encima de los 100, 150 euros la doble por noche… y hemos preferido, como siempre, intentar gastar lo menos en dormir para tener más recursos para disfrutar.
El caso es que aquí vienen parejas a eso, a disfrutar. A partir de 3 horas, se alquila con discreción. Como un motel, las parejas vienen en coche y se van sin que nadie les vea.
La habitación es enorme y cuenta con condones, vibrador y bañera incluídos en la tarifa. Otros artilugios o comida, bebida o tabaco, son de pago. Tiene también una gran TV, micros para karaoke y luces regulables.
Con todo, a nuestro pesar, estamos teniendo que empezar a planificar la ruta con una semana o más de antelación y reservar en alguno de los pocos hoteles que quedan (a un precio asumible, me refiero) porque vemos que si nos descuidamos e intentamos «fluir» solo quedarán habitaciones a 150 o 200 euros la noche… o los «love hotels» que en lugares con más oferta se consiguen a 50 la noche. Un «chollo».
Ruta Nakasendo
2 de noviembre
Día 18: Ruta Nakasendo.
Hoy, durante unas horas, hemos dado un salto atrás en el tiempo, recorriendo un tramo de la ruta Nakasendo.
Esta era la antigua vía de conexión entre Kyoto y Tokyo (por entonces, llamada Edo). Funcionó más de 200 años, cayendo en el olvido con la industrialización de los medios de locomoción a partir de 1868.
Con las nuevas carreteras y trenes muchos pueblos quedaron en el olvido. Por suerte algunos fueron cuidados, mantenidos y restaurados, conscientes del valor de ese patrimonio histórico.

De hecho, muchos tramos ya no existen: fueron reemplazados por carreteras. Hay algunos que no, como los 6 kilómetros que unen Kiso con Narai, que son los que hoy caminamos.
Seis kilómetros de bosques otoñales, con numerosos carteles de alerta y campanas de aviso a los osos, y dos pueblos, especialmente Narai, con decenas de increíbles casas de madera, con patios interiores, salones con tatamis, comedores con braseros… una pequeña joya histórica.
Este tramo, al contrario que el más turísticamente explotado de Magome a Tsumago, aún mantiene un buen y sensible equilibrio entre tiendas para el turista y viviendas de residentes que aún hacen su vida normal a pesar del turismo.
Me ha gustado mucho. Un día muy bonito.
Matsumoto
3 de noviembre

Día 19: Matsumoto.
Y si hay que posar, se posa, que allí donde fueres haz lo que vieres.
Hoy es festivo en Japón y en Matsumoto han liado una gorda.
Primero música (percusiones, enormes tambores), seguidos de discursos con actor famoso invitado incluido. Luego personajes pululando con vestidos tradicionales. Y un sorprendente concurso de tiro con arco, poca broma la parafernalia y protocolo.
Por supuesto, todas las calles del centro con mercadillos de comida y frutas, artesanías y mucha ropa de segunda mano.
Tras visitar el museo con sensacionales obras de la artista local Yayoi Kusama («la de los puntos») y estar a punto de perder el bus entretenidos con tanto estímulo, cruzamos los Alpes Japoneses, teñidos de colores otoñales y recién nevados, hasta Takayama.
Sí, por ahora una ruta clásica por los grandes hits de Japón a ritmo lento, que seguimos disfrutando a pesar del frío que hoy entró (máxima de 8 grados).
Takayama y alrededores
4 de noviembre
Día 20: Takayama.
Cuando la calidad de la comida y el ambiente local van de la mano, sabes que ese restaurante no se te olvidará.

¡Menudos tallarines soba más memorables cayeron hoy!
5 de noviembre
Día 21: Ainokura.
Casi todo el que viene a Japón oye hablar de Shirakawa-go. Uno de los tres pueblos en la región de los «Alpes Japoneses» patrimonio de la Unesco por sus peculiares casas.
¿Y los otros dos?
Casi nadie los visita cuando, al menos Ainokura, tiene más de pueblo real que el primero. En este aún la mayoría de las casas de estilo gassho-zukuri son viviendas, no museos, cafés o restaurantes.

Claro que no está en la carretera principal. Ni hay tantas casas. Pero visitar el pueblo casi a solas, hace que la experiencia sea mucho más impresionante.
Las casas de madera tienen cinco pisos y un techo de paja, de aproximadamente un metro de grosor.
En el bajo está la vivienda, con suelos de tatami y un gran fuego para calentarse. Sin chimenea el humo sube libre a los pisos superiores donde criaban gusanos de seda y elaboraban y tejían esta preciada tela. Eso se acabó, pero no el residir en estas especiales viviendas.
Mañana intentaremos visitar la tercera población, Suganuma, camino a Kanazawa. Moverse en transporte público y visitar esta zona no es tan fácil ni barato… pero vamos a intentarlo camino a la costa, ¡al mar de Japón!


























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