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Playas y pueblos de la costa sur de Sri Lanka

por | Mar 5, 2025 | Blog, Nuestros viajes, Sri Lanka, Viajar por Asia | 0 Comentarios

Llegamos al sur de Sri Lanka

5 de marzo

El tuktuk aguantó de subida… pero no de bajada. Algo empezó a crujir en la parte delantera, en los baches, cuando girábamos la dirección. 

No parecía grave, pensábamos, pero no teníamos ni idea en el fondo. La bajada de casi mil metros en picado había tenido zonas con bastante mala carretera. Frenando, comiéndonos baches, tierra, agua… supusimos que era normal que algo le hubiera pasado.

El mecánico donde paramos lo vio rápido: le faltaba grasa a la suspensión delantera. Un euro después, el problema estaba solucionado. 

Entonces seguimos bajando relajados, disfrutando de los bosques, de las vistas de la montaña que dejábamos atrás. Atravesando pequeñas aldeas entre cultivos de arroz y bosques tupidos.  Casas con jardines llenos de palmeras, magnolios, flores y con buganvillas descomunales. Llevando a señoras que hacían dedo para bajar a la carretera principal.

Paramos a tomar zumo de naranja con aloe vera: insípida y gelatinosa, era divertida de beber. Volvieron las piñas, los mangos. Volvía el calor. 

Y, por primera vez en todo el viaje, apareció la lluvia tropical. A las dos, el cielo se oscureció y empezó a lanzar gotas como canicas. Las motos se paralizaron, a cubierto. Algunos tuktuk seguían. Optamos por ponerle los plásticos laterales para estar secos, pero esperar a que parara. Es bello ver llover torrencialmente estando a cubierto.

La pausa hizo que llegáramos al anochecer a Dondra Point, el cabo más austral de Sri Lanka.

No os engañaré: me hizo mucha ilusión. Entre el cabo septentrional (Point Pedro) y donde estábamos había en línea recta 407 kilómetros. Casi dos semanas de viaje.

Aquello no era el fin, ni mucho menos, pero significaba que habíamos atravesado Sri Lanka de cabo a rabo, y molaba.

Nos quedamos a dormir en uno de los dos hotelitos en la zona. Se hacía de noche y aquel era el mejor lugar.

Creo que ha sido el hotel más especial del viaje. Estábamos solos, en una playita de pescadores, con una hamaca colgada de dos palmeras y el sonido de las olas rompiendo a nuestros pies. Más no podíamos pedir a toda nuestra improvisación. Era un regalo que, por qué no decirlo, nos merecíamos.

Playas y pueblos del sur 

14 de marzo

Tardamos tres días en recorrer la costa hasta llegar a Colombo, la capital del país y fin de nuestro viaje.

Tres días pasando por pequeños pueblos costeros, la mayoría volcados en el turismo de masas. Especialmente en el de los rusos y, en menor medida, franceses. O de quien pase por Sri Lanka, que somos unos cuantos…

En el camino pasamos por calas de arena fina y dorada, la mayoría con fuerte oleaje, para alegría de surfistas. Las playas con zonas seguras de baño, hiper saturadas de hotelitos y restaurantes para nosotros, los turistas. Muchos autóctonos se bañaban vestidos (pero en otras playas diferentes a los de los guiris).

Al menos la mayoría de hoteles son de una o dos alturas, aunque ya hay muchas torres rompiendo el horizonte, al mejor estilo de Torremolinos. Los errores que cometimos unos, replicados por otros. Una pena.

Mención especial (positiva) a Galle, una ciudad colonial preciosa, bien conservada, de casas, iglesias y edificios portugueses y holandeses, patrimonio de la Unesco. Volcada en el turismo, gracias a ello conserva sus edificios con patios, residencias de mercaderes, y ayuda a entender la importancia de Sri Lanka en la ruta de las especias.

El tuktuk nos permitió ir parando a ver rinconcitos, a explorar las playas desérticas (no tan «buenas») y darnos un chapuzón en alguna. Parar en puestecitos con cocos, restaurantes de pescado y mariscos, o en el memorial del Tsunami de 2004, que aquí también causó estragos, y en el que víctimas muestran fotos de la desolación.

Esos días seguimos improvisando la ruta, durmiendo donde nos apeteció (sin reservas), comiendo donde presumíamos que harían buen curry. Y refugiándonos de la lluvia tormentosa de cada tarde. También fue la primera y segunda vez que nos intentaron timar claramente al comprar fruta o desayunar en cafés locales.

Tras tres días de ruta, la llegada al tráfico de Colombo fue abrumadora: tráfico, ruido, rascacielos… Pasaríamos dos noches allí, en aquella ciudad que casi todo el mundo te dice «no hay nada que ver»… ¿nos sorprendería positivamente?

Fin de viaje en Colombo

15 de marzo

Se acabó. Bye bye Sri Lanka. 

La verdad es que no nos podemos quejar. No tuvimos percances gordos con el tuktuk, disfrutamos mucho del país, de la comida, cultura y gente. Nos sorprendieron muchos lugares y situaciones, y nos reímos mucho también. Y lo mejor es que no tuvimos que llamar al seguro para reportar nada, lo cual siempre es una buena noticia (la gente de @iatiseguros lo habrán agradecido 😉).

Y además, como guinda del viaje, Colombo me gustó. Acertamos quedándonos en un barrio residencial alejado del centro histórico, lleno de rascacielos junto a casas coloniales en callecitas con enormes árboles tropicales. Bambalapitiya resultó más agradable que el centro.

Tomamos el tren de cercanías para movernos, descansando un poco del tuktuk. Visitamos el mercado de Petah, bullicioso y ordenado en calles por productos: la calle de los electrodomésticos, la de los saris, la de los mayoristas de arroces, la de menaje…. y las de especias y té. 

Luego Fort, donde se encuentra el poder en edificios coloniales imponentes (al lado de otros tristemente decrépitos). Paseamos como los locales por el malecón de Galle Face. Fuimos al museo de arqueología. Y cada una de las dos tardes nos refugiamos de las tormentas tropicales, imponentes de ver bajo cubierta.

Nos despedimos del país, haciendo lo que más nos gusta: comer: en indios populares, esrilanqueses en la calle y otros más finos pero también nos regalamos cuales ricachones un té de ceylán en el exclusivo Galle Face Hotel o un lamprais (arroz con curry fusión holandesa y srilanquesa) en el Dutch Burgher Union. Sabores que voy a echar de menos (aunque nos llevamos especias para intentar replicarlos).

Y aquí acaba el relato del viaje. Algo bruscamente, pero el escribirlo ya de regreso hace que la creatividad no fluya igual que en ruta… en todo caso, espero que hayas disfrutado de los relatos. Ojalá te hayan hecho viajar con nosotros, un poquito. Si así fue ¿me comentas qué te ha parecido el país, o los relatos o… tienes alguna pregunta?

Pablo Strubell

Editor de La editorial viajera, escritor y guía de viajes. Cuenta con dos grandes viajes a sus espaldas: Ruta de la Seda (8 meses, en 2005) y África de cabo a rabo (12 meses, en 2010-11). En sus pocos ratos libres escribe para este blog así como para Leer y viajar. Por si fuera poco, organiza las Jornadas de los grandes viajes. Y entre una cosa y otra, intenta viajar.

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